Buscando la melodía perfecta que simule tu silueta,
encontré el dulce sonido de unos chelos aderezados
con una capa electrónica de percusión
acompasada por el latido de un corazón dividido.
La inmensidad que me rodea la detallo con mi interminable solo de guitarra
de líneas intrincadas y escalas trepidantes que mi cerebro no deja de inducir.
El rompecabezas de letras irrumpe para intentar formar los versos de la canción perfecta
que me negué a escribir para no decir Adiós o Bienvenida.


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